Cosas como notar el peso inaguantable de unos párpados que caen, la lucha por conseguir aguantar, es como subir y subir mientras notas esa falta de aire que ahoga, mientras tu no puedes hacer nada. Cosas así delatan un nuevo ritmo de vida agotador.
Nunca pasa un día en el que no espere que sea mañana, ninguna noche dan las once sin desear que el tiempo pase hasta la tarde siguiente, para verte, pero es agotador... el ansia de mañana, la espera. Espera de tantas cosas... el deseo de avanzar en el tiempo, la búsqueda de sólo un momento en el que se me permita rendirme ante mis párpados, que ganen la batall
a, que se cierren. Y recuperar, pero hacerlo de verdad, contigo, descansando sobre el látido de una almohada improvisada, sobre ti.
Y tarde o temprano te das cuenta de que ningún nuevo ritmo de vida cambiará nada, por muy rápido o lento que pase el tiempo sobre las agujas del reloj, no cambiará. Porque aunque la vida que llevaba hace semanas ahora se camufle bajo el cansancio, hay algo que demuestra que sigue ahí, y es que al tropezar con tu mirada, al relfejarme en tus ojos, mi vida recupera esa felicidad desmesurada que inevitablemente se me escapa.
Hay algo que nunca cambia... porque te quiero.



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