Esa sensación de sentirte de plomo, pesada, de no querer moverte y ser capaz de quedarte en una cueva el tiempo que sea necesario; hasta que la gente consiga olvidar, sin arrastrarte, sin hundirte. Dibujas una coraza en tu rostro, y te llegas a creer que no pasa nada, pero sólo es necesario un mínimo gesto, un comentario para saltar, para explotar.
Y quizás el problema sea el no saber asumir que no siempre las cosas serán como yo quiera, no siempre valdrán la pena esas horas muertas pensando en algo o en alguien, ni decidir que hacer o no hacer, decidir hablar o callar; porque un sólo comentario puede hacerte comprender que las cosas no dependen sólo de ti.
Y quizás el problema sea el no saber asumir que no siempre las cosas serán como yo quiera, no siempre valdrán la pena esas horas muertas pensando en algo o en alguien, ni decidir que hacer o no hacer, decidir hablar o callar; porque un sólo comentario puede hacerte comprender que las cosas no dependen sólo de ti.





