Hace un mes que me imagine estar viviendo un sueño, estaba convencida de que no podía ser verdad. Abrí y cerré los ojos un par de veces al llegar a casa, y vi que estaba despierta, no me había equivocado p
orque en realidad hacía varios días que te sentía cerca, más accesible que nunca. No quería perder la oportunidad de conocerte y de decirte que te había sentido especial desde la primera conversación, sabía que podías convertirte en uno de esos espejismos que se esfuman sin poder evitarlo, y tal vez fue por la angustia de imaginarlo que reaccione como pensé que jamás podría.
El tiempo día tras día me ha ido dando la razón y no me he equivocado, me siento más realizada que nunca, ha pasado una tarde detrás de otra y en ninguna has parado de sorprenderme. Siempre me imagine en sitios o momentos como los que se han sucedido en mi vida en un cortísimo periodo de tiempo, se me ha pasado volando, ha sido un mes que parece haber desaparecido del calendario antes de que me diese tiempo a hacer planes para el, pero ha sido intenso, no ha habido un sólo minuto del que me arrepienta.
Podría recapitular día tras día desde la primera cerveza con una inesperada compañía, hasta ver nuestros pies colgados por la barandilla de un barco con el riesgo de quedarte descalzo; como decimos nosotros hemos pasado un montón de momentos pistacho, que seguramente parecerían absurdos a otras mentes que no fuesen las nuestras, porque realmente nadie estaba ahí cuando nos reíamos, nadie puede s
aber lo que se respiraba en el ambiente.
Jamás borraré las tardes tirados; desde la primera en la Magdalena, hasta la última en Parayas, aferrándome a tu mano como si fuese mi pasaporte a otro mundo, a algo nuevo que me queda por descubrir. Un día dijiste que nadie te había dado la mano durante tanto tiempo, no sé el motivo, pero en ese momento supe que mientras yo estuviese cerca no te iba a faltar alguien haciéndolo. Quizás algún día te hayas preguntado por qué lo hago, no lo sé, supongo que a mi también me falto alguien dispuesto a ofrecer una mano, y además mis manos hablan por mi, dicen si estoy tranquila, si estoy nerviosa, desvelan si tengo calor o frío, y lo cierto es que en ocasiones si tuviese que esperar a que mis labios lo dijesen estaría eternamente esperando. Pero todo eso acabó tengo la suerte de que ya no me preocupa hablarte, ni mido mis palabras como lo hacía al principio, ni siquiera escondo la cabeza cuando me sonrojo, ahora incluso me atrevo a aguantarte la mirada, y mis manos me sirven para decirte que te quiero mientras las palabras hacen los coros.
Ahora me queda forrar una caja en la que guardo aquellas cosas que todo el mundo calificaría de recuerdos tontos, o incluso basura, nadie guardaría una coca cola estropeada sin motivo, y mucho menos monta
ría en cólera al descubrir que su madre se había tomado la libertad de deshacerse de ella… pero yo sí, y no lo hago sólo por ti aunque lo parezca, lo hago más que nada por mi, porque seré todo lo tonta que el mundo quiera que sea, pero estoy segura que nadie siente lo que siento yo al leer una fecha pegada en una bolsa de triskis, o al ver una hoja seca de un parque, que además seguiría en aquel árbol si yo no la hubiese arrancado.
Ha sido uno de los meses que calificaría de preciosos en mi vida, soy muy consciente de que ello se debe a tu presencia y trato de agradecértelo de todas las maneras posibles, de todas aquellas que se me ocurren. Te he escrito muchas veces, te he dicho todas las verdades que se pasaban por mi cabeza, que te quiero, que te necesito, que has cambiado una vida, un montón de esas cursiladas que se le escapan a uno cuando está enamorado. Pero hoy te puedo decir que es mucho más que todo eso, que ahora no me imagino lo que sería pasear por un parque sin ti, o sentarme en el espigón sin tus ojos observándome, no sé que haría sin la persona que al pasar por una charcutería se detiene a alimentarse con el olor, la única persona que es capaz de retorcerse de cosquillas con una simple caricia.
El tiempo día tras día me ha ido dando la razón y no me he equivocado, me siento más realizada que nunca, ha pasado una tarde detrás de otra y en ninguna has parado de sorprenderme. Siempre me imagine en sitios o momentos como los que se han sucedido en mi vida en un cortísimo periodo de tiempo, se me ha pasado volando, ha sido un mes que parece haber desaparecido del calendario antes de que me diese tiempo a hacer planes para el, pero ha sido intenso, no ha habido un sólo minuto del que me arrepienta.
Podría recapitular día tras día desde la primera cerveza con una inesperada compañía, hasta ver nuestros pies colgados por la barandilla de un barco con el riesgo de quedarte descalzo; como decimos nosotros hemos pasado un montón de momentos pistacho, que seguramente parecerían absurdos a otras mentes que no fuesen las nuestras, porque realmente nadie estaba ahí cuando nos reíamos, nadie puede s
Jamás borraré las tardes tirados; desde la primera en la Magdalena, hasta la última en Parayas, aferrándome a tu mano como si fuese mi pasaporte a otro mundo, a algo nuevo que me queda por descubrir. Un día dijiste que nadie te había dado la mano durante tanto tiempo, no sé el motivo, pero en ese momento supe que mientras yo estuviese cerca no te iba a faltar alguien haciéndolo. Quizás algún día te hayas preguntado por qué lo hago, no lo sé, supongo que a mi también me falto alguien dispuesto a ofrecer una mano, y además mis manos hablan por mi, dicen si estoy tranquila, si estoy nerviosa, desvelan si tengo calor o frío, y lo cierto es que en ocasiones si tuviese que esperar a que mis labios lo dijesen estaría eternamente esperando. Pero todo eso acabó tengo la suerte de que ya no me preocupa hablarte, ni mido mis palabras como lo hacía al principio, ni siquiera escondo la cabeza cuando me sonrojo, ahora incluso me atrevo a aguantarte la mirada, y mis manos me sirven para decirte que te quiero mientras las palabras hacen los coros.
Ahora me queda forrar una caja en la que guardo aquellas cosas que todo el mundo calificaría de recuerdos tontos, o incluso basura, nadie guardaría una coca cola estropeada sin motivo, y mucho menos monta
Ha sido uno de los meses que calificaría de preciosos en mi vida, soy muy consciente de que ello se debe a tu presencia y trato de agradecértelo de todas las maneras posibles, de todas aquellas que se me ocurren. Te he escrito muchas veces, te he dicho todas las verdades que se pasaban por mi cabeza, que te quiero, que te necesito, que has cambiado una vida, un montón de esas cursiladas que se le escapan a uno cuando está enamorado. Pero hoy te puedo decir que es mucho más que todo eso, que ahora no me imagino lo que sería pasear por un parque sin ti, o sentarme en el espigón sin tus ojos observándome, no sé que haría sin la persona que al pasar por una charcutería se detiene a alimentarse con el olor, la única persona que es capaz de retorcerse de cosquillas con una simple caricia.
Te quiero hasta la demencia.



No hay comentarios:
Publicar un comentario